Volver

 

 

 

Color del alma

 

 

Autor: Angel Sanz Goena (España)
www.colordelalma.com

 

Ilustraciones: Acuarelas del Alma de CARMEN BERGES GIMENO (España)

 

 

MIRADA A LA VIDA

 

 

Mirada a la vida, a toda esa Manifestación tan hermosa que podemos contemplar cada día a nuestro alrededor: a la extraordinaria sensación de un amanecer silencioso o de un
atardecer luminoso que tenemos a nuestro alcance permanentemente, y que muchas veces dejamos de sentirlos. 

Mensajes que nos trasmiten las voces de la vida en hermosas melodías, en cantos alados, que nos sumergen más allá de nuestros sentidos físicos. Maravilloso encuentro con su
Esencia, la que nos permite apreciar y valorar su Grandeza, siempre que estemos despiertos a su Revelación. Sensaciones, sentimientos bellos, que nos trasladan a su magnificencia.

Dentro de las situaciones y momentos que nos toca vivir en nuestra vida diaria, lejos de la conducta más sutil de la convivencia humana, como desafíos por actitudes
depravadas del hombre, situaciones caóticas por ambiciones personales, crudas realidades, confusiones, manipulaciones, acciones crueles, competitividad desmesurada, …..
tenemos la posibilidad de vislumbrar y apreciar el sentido profundo de la Vida. Con la voluntad y firmeza de nuestra mente, y con la fuerza de nuestro corazón, podemos
acercarnos al máximo equilibrio de nuestra vivencia humana, sabiendo y reconociendo que el ser humano es una prueba de la Creación, imperfecto e irracional, debiendo asumir
su responsabilidad y compromiso ante “La Mirada de la Vida”.

La Naturaleza nos ofrece compartir vivencias transcendentales, lejos del razonamiento humano. Experiencias llenas de vida, sensaciones coloreadas con la visión interna de nuestros
sentidos etéreos.

Aún con nuestros letargos, vacíos, sueños dormidos e inmadurez humana, hay un regalo que nos ofrece la realidad de la vida: Vivir.

El amor, sendero fiel del hombre, acompaña como peregrino universal,  el eterno caminar del ser humano.

 

                Y en el olor de la esencia mística,
                en el tacto de la sensibilidad de los velos místicos,
                en la escucha de la música de la Luz,
                en la visión de los horizontes del tiempo,
                está la cima más elevada del alma humana.

 

 

   UNA MADRE


Qué es una madre,

sino la sutileza de la flor,

la belleza del ocaso

y el dulce canto del ruiseñor.

 

Qué es una madre,

sino la brisa del amor,

los ojos del horizonte

y la rosa hecha flor.

 

Qué es una madre,

sino la eterna voz del destino,

el corazón alado

y el fruto del Amor de Dios.

 

Qué es una madre,

sino el sabor de la vida,

el embrujo hecho valor,

y el alma dividida

por un distinto amor.

. . .

 
Volver

Algunos anteriores

 

                                            CRISTO INTERIOR

 

Desde el comienzo de la Humanidad siempre hemos mirado al cielo preguntándonos sobre nuestra existencia y adorando a los dioses o al Dios que originó la Vida.

Tanto en oriente como en occidente las religiones y filosofías han ido evolucionando e involucionando, según las etapas que se han vivido.

No pretendo entrar en la historia de Jesucristo, ya que no soy la persona adecuada ni estoy preparado para emitir un juicio profundo sobre Él,  pero creo que su llegada a este
mundo, por lo que representó y simbolizó, fue el comienzo de una nueva etapa en la Tierra, el antes y el después: una Llamada luminosa de esperanza y amor hacia
la humanidad.
Fue un Ser Divino que vino más como Hombre Sabio, con un Amor muy superior al común del resto del mundo, que como Hijo de Dios. Su Sabiduría, Elocuencia y
la fuerza de una Energía enormemente desarrollada le condujo a ser un Emisario Espiritual muy evolucionado, que vivió como hombre, sirvió como hombre  y
dejó constancia de Su profundo sendero celestial.

Fue un ser Iluminado. Fascinó con sus mensajes de Amor y Clarividencia a las personas que compartieron su vida en esa época, y abrió Nuevos
Horizontes en el Camino de la Humanidad.

Creo que la verdadera enseñanza que impartió en esta Tierra fue que cada uno de nosotros somos Él; que Su espíritu es el nuestro; que Su relevancia es la nuestra;
y que cada habitante de este planeta debe ser consciente de su encuentro con Él.

Todos tenemos la misma célula y nuestra vida espiritual es Su vida espiritual. Nos contagió de la importancia del crecimiento del espíritu y de la transmutación
interna, requisito imprescindible para encontrar la Verdad del Camino, la Verdad Única.

Él luchó contra los dogmatismos, contra cualquier régimen religioso impuesto por los hombres. Seducía y conquistaba los corazones humanos, predicando,
con intensa fuerza, sobre el Amor y la libertad.

El  crecimiento espiritual individualizado, el que conduce al ser humano por su propia senda, para encontrar la Verdad y la transformación interior, está en el proceso
de la onda mística, siguiendo el cauce de Cristo, Su río espiritual, la adivinanza de uno mismo con la Sabiduría Eterna; mientras el trasmitido por la Religión
Católica encamina a encontrar la Bendición  Eterna a través de su Iglesia.

Las dos conductas son válidas, dependiendo de cada ser humano. Aquel que sigue el dogma de la Iglesia Católica encuentra en sus postulados la fe
necesaria para obtener la Compasión Divina mientras que aquel que lo busca consigo mismo, con su propia naturaleza interna, con su propia identidad,
camina libre sin intermediarios que le orienten  por caminos inherentes a él.

 

A veces el alma puede ser excesivamente frágil,  necesitando ayuda exterior. De ahí que el Amor irradia cada entraña de su cuerpo, pero cohabitando en un
sistema y dogma aceptado, quizás por insuficiencia de fe y escasa fuerza  interior. En cambio, aquel  que ya aposentó el Cristo en él, el que inunda con Su Amor
el Universo, sigue su pauta soberana.

Siempre hay seres espirituales que nos protegen constantemente, que nos aman y que vigilan nuestro camino. No hace falta solicitar amor, porque el ser humano
es amor. Pero sí es importante que el ser humano lo sienta y cubra cada momento de su existencia con sus rayos mágicos. Ellos están ahí, esperando que se
compartan las sensaciones y cada instante del proceso del sendero.

Tanto unos como otros siempre han participado de la vida cristiana. Unos evolucionando con la Esencia de Cristo dentro de sí mismos, como alquimia espiritual, y
otros en un desarrollo más conducido, más dirigido por la religión.

Aunque la referencia de Cristo es para ambos, quien busca más el nivel esotérico indaga y explora por las sendas del silencio, de la paz interior, de las cenizas
del fuego consumido. Y quien transita por lo exotérico, por el circuito religioso, accede a la avenencia de la religión, la que le instruye para hallar, con
sus mandamientos, la salvación.

Cristo es la Vida, el Amor, la Energía Pura. Su Santidad es la Evolución. Sus enseñanzas, las claves del Universo. Su Esencia, Dios.

Aquel ser humano que descubre a Cristo en él, está destinado a vivir con la Intensidad del Universo, con su Ley y con su Libre expansión.

La llegada de Cristo a esta Tierra, actualmente obstruida por la oscuridad, fue el Mensaje Divino del Amor. No es preciso cuestionarse su historia, quién fue y cómo nació;
quiénes fueron su familia, ni en qué estado vivió. Lo verdaderamente primordial es sentir y percibir lo que ejemplarizó, cuál fue Su auténtica misión.

Los que sentimos Su hermosura, Su grandeza, Su divinidad, y vivimos con nuestras miserias y carencias, pero con Su energía vibrando por nuestro ser, tenemos el privilegio
de existir en un Mundo Mágico de Amor y Sabiduría.

 

 

 

 


                                 

Volver