SENDEROS DEL BOSQUE

Pintura en acrílico sobre tela de Graciela María
Casartelli.
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¡Nuevo!
*TODAS LAS COSAS
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No arriesgues a confundir mi vacilación con cobardía, que aún los labios de los cobardes saben a terror mientras se van transformado en héroes, haciendo lo inadmisible para sus corazones; haciendo, lo no pensando para su pasiva historia.
No comprometas tu idoneidad jurando que mi desacierto es el bufón que deshonra mi fuerza de seguir, que aún los fracasados de miles de días, sienten lo amargo de perder mientras ya se van volviendo reyes y únicos merecedores del premio que les espera al final de su osadía.
No fuerces tus visiones a precipitarse y decir que mis contratiempos y dificultades de hoy, son la diligente miseria que mañana lamerá mis sienes y se aferrará a mis días por venir, que aún los que saben que tienen que sortear más obstáculos que lo imaginable, son los que se llevan el triunfo más exquisito y mejor saboreado que ningún alma mortal jamás podría probar.
Y mientras me miras y ríes de mí, aliméntate si así lo deseas de tus convicciones y de tus ideas del ayer, que yo he nacido para hacer nuevas todas las cosas, y al igual que las almas que se atreven a desafiar sus límites y los límites, soy el que nace y muere por sus ideales y grita la rebeldía que simplemente se llama: “Libertad”.
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TODAS LAS COSAS II
...Entonces, el hombre moribundo, le hace una seña forzada a su hija; ella, se acerca. Sus ojos negros brillan al compás de los relámpagos que fuera, avisan que pronto llegará la primer
lluvia de octubre.
Temblorosa, la mano de la joven mujer se posa en el pómulo trémulo del viejo.
El viento resopla y se embolsa sobre un árbol cuyas ramas arañan los cristales del ventanal desde donde se ve el lago y un pico nevado que está quedando ajeno al paisaje a medida
que la noche se fagocita las sombras.
Los ojos del hombre se abren y casi como renaciendo, le toma la mano con fuerza a su hija y le dice:
—Que todos los caminos te encuentren en el silencio de tu alma y no, en el disturbio de tu corazón, porque allí, es donde duermen las malas decisiones y la perdición de los días venideros;
sabe, hija mía, que las tempestades modifican el terreno y en el silencio, los bellos detalles se forman sinuosamente como si nada sucediera, y son ellos, los que finamente trazan los
hilos de una nueva vista y complexión.
—Que todas las miserias, las angustias, los desaires, las iniquidades y los desastres que han de venir a las puertas de tu vida, te encuentren en la interrogación de tus fuerzas y no
en la soberbia de tus procederes; porque allí, es donde habitan los desórdenes faustos que hacen que los errores sean negados y no vistos; y, sin errores, sin desastres ni angustias,
nadie hija mía, es enteramente completo; jamás olvides que para que exista una muerte total tuvo que haber existido un nacimiento total, y todo lo que sea a medias, no merece llamarse
nuevo; por eso hija, has de nuevo todas las cosas en tu corazón para que puedas vivir plenamente y morir con los ojos abiertos a la verdadera vida, vive enteramente y muere con la total
certeza de que los que has dejado en el camino no sea otra cosa que los materiales que usa el tiempo para saberse digno de dominar los momentos que hemos vivido en él, y que lo único que
te llevas es la esencia de los minutos que te han visto vivir y morir.
—Que la felicidad, la alegría, el éxito, la firmeza de espíritu y todo lo que rodea al amor, llegue a tu presencia cuando el ente de tu ser se halle ya tan acongojado de haber sufrido el elixir
del padecer, que sea un verdadero fantasma de ti; porque allí, es donde habita el verdadero placer sustancial que reconoce el valor de lo verdaderamente importante; y, embebido de Dios,
deja para sí solamente la vitalidad creadora que todo lo comprende y todo lo simplifica a la sola necesidad de volverse uno con el secreto que llevan los sueños, uno, con el silencio que
cantan los amaneceres de milenios, uno, con la fortuna de ser un milagro que cada día puede dar cuenta de que existe algo más allá de nuestra comprensión de que habita en nuestro interior
la sabiduría infinita que dice en susurros que todo es un hermoso, piadoso, aletargado y a veces doloroso viaje, que ahora llega a su fin...
—Y mientras yo me voy, hija —agregó el hombre en tono cada vez más bajo—, déjame decirte algo que he aprendido a las puertas de mi verdadero hogar: "Adiós, es regresar por el camino
que hemos construido..."
Las manos del hombre se tensaron por un breve instante y luego cayeron laxas sobre su regazo.
Afuera, empezó a llover con intensidad.
Era la primer lluvia de octubre y la noche la escondía bajo un manto de secretos.
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(1) La pintura "Sendero en
el bosque" es obra de Graciela M. Casartelli (acrílico sobre tela)